Thursday, February 2, 2023

CUAUHTÉMOC

 

 Foto Archivo

Por JOEL ORTEGA JUÁREZ

“Estamos viviendo un tiempo de definiciones y esta ancheta está muy angosta no hay para adonde hacerse. Es estar con el pueblo o con la oligarquía, no hay más, no hay justo medio “, con estas palabras de Ayatola, el presidente borró 34 años,  desde que Cuauhtémoc Cárdenas le abrió las puertas a su movimiento a Andrés Manuel López Obrador quien venía de haber votado por Carlos Salinas, tras varios años de militancia en el PRI.

La arrogancia vulgar siempre es insoportable, pero se vuelve muy peligrosa cuando se practica desde el poder.

Condenar a Cuauhtémoc Cárdenas a la hoguera de leña verde, al colocarlo en el bando de la oligarquía y AMLO autoproclamándose como la encarnación del “pueblo”, es un paso más en el delirante camino del fanatismo demagógico del presidente, con el que ofende, intimida y difama a todos sus opositores. Lo hace diariamente con alevosía y ventaja desde el poder.

Esta vez ha llegado a extremos insólitos, sentenciar como oligarca a su protector, es una señal de los extremos inquisidores a los que puede llegar un hombre poderoso que menosprecia a los diferentes.

Cuauhtémoc Cárdenas es un referente fundamental del largo y sinuoso camino democrático contra el viejo régimen de la dictadura perfecta.

La ruptura con el PRI gestada desde la Corriente Democrática hizo posible la construcción de un vigoroso movimiento en el que confluimos miles de antiguos militantes de las izquierdas no gubernamentales con los cardenistas.

Recuerdo un encuentro en casa de la militante comunista Marcela de Neymeth con Cuauhtémoc Cárdenas, promovido por Jorge Martínez Almaraz El Chale muy recientemente fallecido, asistimos varios militantes del PCM, Eso debió ser en 1987.

 Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo, Ifigenia Martínez y los demás integrantes de la Corriente Democrática aún no salían expulsados del PRI.

No era clara la profundidad y dimensiones de esa disidencia dentro del PRI y mucho menos sus repercusiones nacionales.

Creo que Cuauhtémoc Cárdenas encabezó un movimiento que rebasó los límites del cardenismo y dio origen a un movimiento diferente. Un proceso que tuvo en el centro el planteamiento democrático y que por eso logró reunir a los tradicionales sujetos del cardenismo: los campesinos a lo largo y ancho del país; los estudiantes de la UNAM y las demás universidades públicas y algunos de la Ibero; sobrevivientes de la insurgencia sindical  que encabezaron Rafael Galván y Arturo Whaley; intelectuales  de muchas generaciones; vecinos, amas de casa y un abanico social y cultural  que se expresó de manera impresionante en las urnas el 6 de julio de 1988. Ante esa rebelión democrática el PRI y sus operadores  como Manuel Bartlett, al servicio de Carlos Salinas, acudieron al fraude más burdo posible: rellenando urnas de votos tachados previamente por los priistas; robo de urnas, votos de personas fallecidas, operación ratón loco de votantes sin credencial de elector que recorrían varias casillas, todas las marrullerías posibles incluyendo la caída del sistema cuando se aterraron ante la inmensa cantidad de votos favorables al Frente Democrático Nacional y sus candidatos encabezados por el candidato a la presidencia de la República  Cuauhtémoc Cárdenas.  

Esa rebelión democrática fue la puerta de entrada a un largo y complicado proceso de transición democrática.

Ese proceso tuvo muchas etapas. Una muy importante fue la victoria de Cuauhtémoc Cárdenas en 1997 al ganar el Distrito Federal.

Todo ese proceso fue el que hizo posible el triunfo de Andrés Manuel López Obrador en las elecciones de 2018.La mezquindad con la que hoy trata a Cuauhtémoc Cárdenas exhibe su vocación autócrata.

Con esa vocación defraudó a millones de sus electores. Su gestión es una estafa.

En cada ámbito de la vida política, económica, social, ambiental, cultural y de seguridad , AMLO ha hecho lo contrario de lo ofrecido en su campaña.

Por más que su discurso pretenda negar la realidad, la desesperación de López Obrador revela su fracaso.

Ante ese fracaso no puede soportar que Cuauhtémoc haga diagnósticos y propuestas de cambio de rumbo. Esa es la verdadera causa del ataque del presidente.

Cuauhtémoc Cárdenas percibió que la reunión del Poliforum, era una trampa disfrazada para dividir a la oposición, viejos priistas comandados por Dante Delgado usaron algunos de los planteamientos publicados por Cuauhtémoc en libros, conferencias, reuniones, desayunos y comidas para hacer una labor de falsa construcción de un denominado Colectivo por México.

Fue correcto que no asistiera a esa farsa. A pesar de ello AMLO lo atacó arteramente.

Las maniobras del gobierno para evitar su derrota van a continuar.

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